|
|


© 2004 ana planella |
Oriol
Pi, uno de los personajes de la novela, sobrevuela el jardín botánico
para hacerse una imagen de conjunto, a vista de pájaro. Bajo él,
al igual que si bastara inclinarse y tomarla entre las manos, surge una
estructura laberíntica, pequeña y complicada. Parece caótica,
el sueño de un loco, pero tras una primera mirada se descubre en
su trazado un orden minucioso, algo que sólo puede ser obra de
un hombre inteligente, profundamente calculador.
El jardín botánico es la historia de tres generaciones determinada
por el espacio físico que da título a la novela, un lugar
que «cautiva la mirada y el espíritu, es posesivo y glotón,
engulle cuanto entra en el, pero no merece ser destruido», un microcosmos
levantado con la misma materia del sueño por Salvador Mont, el
viejo indiano. El jardín acabará por convertirse en la obsesión
de su dueño y, tras su muerte, de su joven esposa, casi una niña,
María Teresa Pi.
La novela se inicia con la agonía de ésta. Las voces de
sus hijas, Solita y Salvadora, así como las de todos aquellos que
viven o han vivido en el jardín, nos remiten al pasado desvelando,
en una estructura de vía crucis, el gran pecado de esta mujer que
lo recibió de manos de su esposo «sin saber muy bien qué
hacer con él, pero ya sabiendo que le iba a acaparar la vida».
Ana Planella vuelve
en esta novela al pequeño mundo de Télora, hilo conductor
de los relatos en su libro homónimo, un pequeño pueblo
de la costa catalana visto por la niña María Teresa, junto
al camino, como el «excremente seco y silencioso de un ave marina».
|
|
|